domingo, 27 de febrero de 2011

DESPIERTA, AMÉRICA


DESPIERTA, AMÉRICA

Por Héctor José Corredor Cuervo

Con alma pura entre barrotes oprimida

por los vendavales de invasión y de violencia,

una pluma empuño con la mente confundida

para escribir a un pueblo que vive en inocencia,

que vive muerto en la vida y con la fe perdida

entre los sueños con caracteres de inconsciencia

mientras los saqueadores penetran la ventana

arrasando las costumbres y la lengua hispana.


Quisiera que el arpa eolia callara sollozos

de hombres y de mujeres que ven morir la Tierra,

que abandonan la patria con paisajes hermosos

donde miraron la luz del cielo en vez primera,

donde quieren apagar para siempre los ojos

en medio de jardines de amable primavera

sin tener que sufrir el horror de la cruel guerra,

gozando los amigos y la familia entera.


América de soles, de estrellas y luceros,

que dormita entre las llamaradas de violencia,

prendidas por los corruptos y los mohatreros,

despierta ahora y deja ya la cruel indolencia;

mira los ladrones en ciudades y potreros

robando al indefenso sin ninguna clemencia

y jurando ante Biblias defender la riqueza

de la gente indefensa que muere en la pobreza.


Cuando miro las calles, me aterra la existencia

de los enjambres humanos con mirada mustia,

que corren como ríos buscando subsistencia

para hijos y abuelos que esperan con angustia

un mendrugo de pan y de Dios benevolencia

mientras observan a tantos que plenos de astucia

se se enriquecen fácil comprando a menos precio

los bienes de los pobres con un dinero sucio.


Entre las nubes se ve que una guerra amenaza

a todos los países de la América Hispana

por gigantes que quieren extender su tenaza

para imponer teorías que alaban con gana

engullendo la historia y secretos de una raza

que vive libre cual sonido de la campana

y que cree en el juicio sin emplear las armas

construyendo trincheras de ideas y palabras.


¿En dónde están los hombres valerosos y nobles,

como Martí o Bolívar, soñadores de unión,

que entregan toda la vida y mueren como robles

al pie de un estandarte y usando la razón?

¿Dónde están las mujeres amantes de los pobres

que dan sombra y luz a luchadores con pasión,

para alcanzar con la fe, la gloria con honores,

entre velos de amor, de caricias y de flores?


¿Por qué no dejamos de sufrir tanta agonía

y luchamos todos con tesón y transparencia,

para ver reflejos de la luz de un nuevo día

y conseguir la unión de latinos sin pendencia?

Es hora de salir de la absurda fantasía

arreglando entre hermanos ligeras diferencias,

para llenar cielos con destellos de alegría

al estrechar los brazos sin odio y sin falsía.


Es tiempo de que abramos misteriosas fronteras

para así ver las luces de nuestra libertad

y sembrar alegres semillas en sementeras

con herramientas de amor, justicia y equidad,

para gozar de la paz y amistad verdadera

en caminos de unión, con honor y lealtad

y sentir el orgullo de una imponente raza

que con inteligencia los conflictos rechaza.


¡Despierta, ya, América, y deja la indolencia


12 de octubre de 2001

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